Historia

Aunque es antiquísimo el pueblo de Cornago, poco puede decirse de su historia y hemos de llegar hasta mediados del siglo X, para encontrarlo mencionado por primera vez en los documentos. La situación del pueblo nos permite pensar que desde los más remotos tiempos, tuvo Cornago alguna defensa o castillo, sobre las rocas que coronan la colina a cuya falda se extiende.

Al tratar el P. Anguiano en su Compendio Historial de La Rioja, de la Batalla de Clavijo y de la brillante actuación de un Caballero llamado Tejada, dice que el rey Ramiro al volverse a León "satisfecho de su raro valor y prudencia lo dexó en esta frontera por guarda della, con carácter de Capitán General, para resistir a los Moros de Aragón , que eran los más cercanos entonces, juntamente le hizo Alcalde de las dos grandes fortalezas de Clavijo y Viguera que eran entonces la puerta principal para entrar en la Tioja, y no ay duda de que assí en estos castillos como en los de Juvera, Ocón, Ausejo, Calahorra, Arrendó, Corango y otros de las faldas de la sierra de Cameros quedaron entonces guarniciones de soldados esforzados con sus Capitanes y destos fueron, según Lobera, aquellos doze Cavalleros que en la compañía del General Tejada con servicios muy señalados dieron principio a las trece Divisas y Casas solariegas del valle de Ossera”.

Según diversos autores debemos atribuir al General Sancho de Tejada o a sus Capitanes la conquista de Cornago; cierto que no existen documentos que prueben de una manera convincente y explícita esta conquista, cosa que no debe maravillarnos tratándose de siglos tan lejanos y de tiempos en que se preocupaban más de realizar la obra de la reconquista que de cantarla o escribirla; mas aun prescindiendo de la Batalla de Clavijo y de las tradiciones del solar de Valdeosera, podemos estar seguros que Cornago fue conquistado del poder de los moros en este tiempo si es que lo no había sido ya, por el primer Conde de Castilla Fernán González, que al conquistar las tierras de Osama y San Esteban de Gormaz por el año 835, quedaron libres también las comprendidas entre estas poblaciones y las sierras del sur de La Rioja o sea las tierras del nacimiento del Duero.

Conquistado Cornago, quedó como jalón de los más avanzados de las conquistas cristianas en esta parte y en la condición de localidad fronteriza, siguió nada menos que casi tres siglos, es decir, hasta la caída de los reinos moros de Tudela y Zaragoza (a.1118). Nada sabemos de la historia de Cornago durante estos siglos, que se relacione con hechos de guerra con los vecinos moros y si la historia regional ni la local nada nos dicen es sencillamente porque sin duda no los hubo, lo cual no es de extrañar. Las tierras de Cornago, son muy accidentadas y no se prestan, por lo tanto, a incursiones y ataques por sorpresa, casi todas las invasiones llevadas contra Castilla de parte de los moros de Aragón toman el camino llano de La Rioja, de modo que Cornago quedó como en un punto muerto, que si ciertamente no era punto de ataque para los moros, era necesario tenerlo bien defendido. Ni que decir tiene que el castillo de Cornago, que ha llegado hasta nosotros, no es el que debió construirse a mediados del s. IX a raíz de la conquista del pueblo.

Desaparecido el peligro árabe con la desaparición de los reinos moros de Tudela y Zaragoza, el viejo castillo de Cornago parece que dio por terminada su misión. Pero al desaparecer los moros queda Cornago de nuevo como lugar fronterizo de los reinos de Castilla, Navarra y Aragón y así, destruyendo el antiguo castillo y en su mismo emplazamiento, es necesario levantar otro que debió desempeñar otra misión no menos difícil en los siglos de la Baja Edad Media; este castillo es el que hoy día podemos contemplar mutilado por la mano del hombre y envejecido por los siglos, pero que a pesar de los hombres y de los siglos sigue levantando orgulloso algunas de sus torres.

La fecha de su construcción puede fijarse a principios del siglo XIII, tal vez en el reinado del rey S. Fernando. siguieron dos reinados de paz en esta frontera, los de Fernando el Emplazado y de Alfonso el Justiciero, pero a estos siguió otro en el que Cornago debió desempeñar un papel importante. en las largas contiendas de D. Pedro el Cruel con su hermano bastardo Enrique, el castillo de Cornago, situado en la frontera de Aragón, debió ser apetecido por los dos hermanos y sin duda que sufrió en las vicisitudes de la larga contienda. Afianzado Enrique en el trono de Castilla, hace entrega de Cornago a su fiel servidor el aragonés Juan Martínez de Luna y en manos de éste y de su hijo siguió el señorío de Cornago en los reinados de Juan I y Enrique el doliente.

El reinado de Juan II fue para Cornago un periodo de inquietud, peligro y calamidades. Si bien durante la minoría de este rey, gracias a la prudencia de Fernando, el que después se llamó de Antequera, hubo paz en Castilla, no pudo conservarse esta una vez que fue declarado D. Juan mayor de edad. Desde este momento se entabla en el reino una guerra civil, que con breves intervalos durara hasta la muerte del monarca. La nobleza de Castilla, ala que se unen los turbulentos Infantes de Aragón, pónense frente a la autoridad real. el rey, débil de carácter, hubiese sido un juguete en mano de los nobles, si a su lado no hubiese tenido un defensor en la figura de D. Alvaro de Luna. Contra D. Alvaro dirigen sus intrigas y sus armas los nobles e infantes. Cuantas veces sus enemigos logran desterrarlo, otras tantas hubo de volver para que en el reino hubiese paz y gobierno. Después del primer destierro acumula el condestable enormes bienes y riquezas; entre éstos figuran algunos pueblos que habían sido de su padre, uno de ellos Cornago.

Los Infantes de Aragón, a su vuelta de Nápoles, continuaron la guerra al Condestable y logran con sus aliados desterrar, por segunda vez, a D. Alvaro; pero su vuelta a la corte no se hace esperar; los nobles siguen haciéndole guerra molestando sus tierras y sus lugares. Por este tiempo, 1440, es cuando crea para su hija naurual, María de Luna, el Mayorazgo de Cornago y Jubera, con lo que Cornago queda asegurado a la causa del condestable, con la fidelidad extraordinario de Juan de Luna, esposo de su hija María.

Las turbulencias de todo este reinado vense manifiestas en el privilegio que el rey D. Juan dio a los habitantes de la villa de Cornago en 1445, año preciso de la batalla de Olmedo, después de la cual D. Alvaro de Luna alcanzó el máximo poder, no hay duda que D. Alvaro intervendría en la obtención del privilegio, pues indirectamente salía él beneficiado.

El motivo principal de la concesión de dicho privilegio es el daño que sus moradores habían sufrido durante las guerras civiles. “ Por facer bien y merced a los del concejo y omes buenos de la villa de Cornadgo que agora son y serán de aquí adelante, que por cuanto so informado que por estar la dicha villa en frontera del regno de Navarra, durante los movimientos y escándalos pasados en mis Regnos acaecidos han recibido muchos robos y males y dannos así del regno de navarra como de otras gentes, por causa de lo cual la dicha villa se ha despoblado de cada día, por la presente vos gago merced de juro de heredad para siempre jamás para que seades francos y libres y quietos vosotros y vuestros ganados, bestias y bienes y mercadorías y cosas, para que por doquier y en qualesquier partes de mis regnos e cualquier o qualequier de los otros anduviéredes seades francos y libres y quitos de todo portadgo y peaje y barcaje y Roda y astelería y otros cualesquier derechos semejantes según que mejor y más cumplidamente lo son qualesquier derechos semejantes segund que mejor y más cumplidamente los son qualesquier villas y lugares comarcanos en las dicha frontera. E quero que los nosn paguedes nin seades tenudos a los pagar.”

Más desastroso para Castilla, que el reinado de Juan II. Lo fue el de su hijo enrique IV. Cornago durante este reinado es de suponer sufriría también las consecuencias de las relaciones poco amistosas del rey de Castilla con el de Aragón, D. Juan que lo era a la vez y con anterioridad de Navarra. Hay memoria de este rey en el archivo de Cornago, en la confirmación del privilegio que a los vecinos les había hecho su padre.

Del final de este reinado tenemos una noticia del castillo y pueblo de Cornago. El Arzobispo de Toledo alonso Carrillo Acuña pide la entrega de la villa de Cornago y también la de Alfaro. La posición de la villa y la ciudad no era despreciable para la nueva marcha de los acontecimientos que se avecinaban, es decir, de la unión de la Princesa Isabel con el Príncipe heredero de Aragón D. Fernando, de cuya unión era el Arzobispo tan partidario.

Pero cómo pide la entrega de la villa de Cornago, que era de Mayorazgo y cuya posesión les fue respetada a sus señores hasta en los momentos más difíciles. Dª María, esposa de D. Juan de Luna, en 1466, seguía en Cornago favoreciendo su fundación del Convento de San Francisco y que antes del año 1511, vese figurar como señor de Cornago a D. Alvaro de Luna a quien como diremos después suponemos nieto de D. Juan de Luna y Dª María de Luna.

En el reinado de los Reyes Católicos puede decirse que acaba la historia de todos los castillos. Sus órdenes de derrocamiento y sus prohibiciones de construir otros nuevos fueron las medidas que acabaron con todos ellos. Además establecida la paz en España con un gobierno central único y dominada la nobleza, los castillos resultaban inútiles. Y como en muchos de ellos la vida no era nada cómoda, se fueron abandonando como vivienda, continuando habitado únicamente los construidos en el siglo XIV, en los cuales las comodidades eran mayores.

El castillo de Cornago debió abandonarse como vivienda a principios del XVI, pero debió seguir en buen estado por mucho tiempo, y tuvo más suerte que otros, gracias a los buenos materiales empleados en su construcción y a sus buenos cimientos. Sin duda que prestaría utilidad en las guerras de os pasados siglos y aún queda tradición de la existencia de cañones en su recinto, que seguramente desaparecerían en la última guerra civil del pasado siglo.

En el año 1813 debió hacerse desaparecer todo vestigio de construcción de interior del recinto, para utilizarlo para cementerio. El habérsele dado este piadoso fin, ha sido sin duda la razón de la existencia de tan notables restos en nuestros días y lo que impidió que los particulares aprovechasen los materiales, mas no lo impidió a las autoridades locales que en más de una ocasión, con el fin de realizar obras de carácter más o menos municipal, han maltratado el viejo castillo.